martes, 11 de noviembre de 2014

Sígueme dando paciencia

Hoy en el trabajo, en un momento de parón nos hemos puesto a hablar sobre la tranquilidad. Para mi compañera, una señora hiperactiva de 60 años , la tranquilidad era poder salir a andar 10 kilómetros todas las tardes (cosa que a mi me pondría muy nerviosa). 
Para mi otra compañera, una chica de 30 y pocos, tranquilidad era irse de viaje a la otra punta del mundo con un "todo incluido" a tomar el sol y mojitos.
Luego claro, ha llegado el momento en el que me han preguntado que era para mí la tranquilidad y en ese momento sin pensarlo demasiado he dicho : "Pues no sé, irme de compras teniendo dinero de sobra y no tener que mirar precios". Carcajadas y vuelta al trabajo. 

Algo que es muy típico de mi es estar dándole vueltas a las cosas durante un rato después de cualquier conversación, y me he puesto a pensar en mi verdadera tranquilidad. He descubierto que lo que me da la verdadera tranquilidad son muchas cosas pequeñitas. Llegar a casa y que esté calentita, saber que dan mi programa favorito esa noche, un abrazo sincero , echar un polvo y que sepas que esa persona no tiene que irse, que puedes seguir abrazándola toda la noche, pedir tu plato favorito en un restaurante y que te lo traigan exactamente como recordabas, videos de ASMR, atinar todos los acordes de mi tambor, hacerme la manicura francesa yo sola y que me salga bien (esto solo ha sucedido una vez y media).

En fin, intento encontrar la tranquilidad y la calma cada día en pequeñas cosas, porque básicamente no tengo dinero para irme a Cuba a tomar mojitos ni voy a salir a andar 10 kilómetros. 

Hasta otra !